A principios de los 80, cuando empezaba a estudiar algunas cosas sobre teatro, me topé con Aristóteles, la poética, la tragedia y la estructura dramática, entre otras cosas. Me sorprendió entender que detrás de las historias que había disfrutado en escena, en lectura o hasta en el cine, había un modelo, esqueleto o estructura (tenía 15 años, perdónenme la vida). Por primera vez conocí términos como "anagnórisis" o "catársis". Ahí también descubrí un nuevo uso de la palabra "peripecia". En efecto, la había escuchado como sinónimo de aventura, accidente, incidente, siempre en plural, por cierto, pero ahora le encontraba otro sentido, el del personaje que repentinamente sufre un cambio de suerte (según Aristóteles), un repentino cambio de situación. Ésa es la peripecia, en singular. Recuerdo incluso que mi maestra lo representaba con una línea curva que de pronto hacía un bucle y luego continuaba, sobre el bucle dibujaba un monito de palitos, pero de cabeza. Así que cada vez que recuerdo la peripecia, se me viene a la mente algo como esto:
Ésa es la peripecia, así cambió mi vida con el diagnóstico.
De eso hablaré en este blog, de lo que he vivido desde que, en agosto de 2015, los resultados del papanicolau decían la palabra carcinoma, al lado de una serie de palabras desconocidas para mí en ese momento...

Tienes una nueva seguidora de este blog Irma!!!, a que sí, a por ello, mmmgggg, me mola mogollón maja!!!!!
ResponderEliminarGracias Caro, espero estar publicando cada martes. Un abrazote...
EliminarTe sigo... muy interesado y gratamente sorprendido de tu capacidad narrativa.
ResponderEliminarGracias por tu lectura, un abrazote...
EliminarIrma! Que gusto leerte... gracias por la generosidad de tu lenguaje... de tu experiencia. Te quiero. Fer
ResponderEliminarGracias a ti por leerme, te quiero.
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