viernes, 29 de diciembre de 2017

El innombrable

En mi familia tendemos a llamar al cáncer por su nombre. Quizá sea porque nos hemos visto forzados a hacerlo considerando todos los casos que hemos vivido. 
Aquí les hago un pequeño recuento:
Mi tía Chila (así le decíamos y de verdad era muy chila), hermana de mi abuelo, falleció de cáncer en la lengua, a pesar de que jamás fumó. Mi Nino Doctor (supongo que su principal atributo era ser médico, por eso lo llamábamos así), único hermano de mi mamá, también murió de cáncer, aunque bien a bien nunca supe qué cáncer tuvo. A mi primo Ariel, su hijo, le detectaron cáncer en el sistema linfático (linfoma), se fue a Estados Unidos a una clínica y se ofreció como conejillo de indias, le pusieron toda la quimioterapia habida y por haber y ahora es un superviviente. El de mi mamá es también un caso de éxito, a sus 86 años es una superviviente de cáncer de mama, con metástasis en huesos, a quien últimamente le ha dado por ir al cine y al beisbol. Mi cuñado Paco falleció de un cáncer de pulmón en tan poco tiempo que hasta el momento no terminamos de asumir su muerte.
Pero no en todas las familias ocurre lo mismo. Me doy cuenta de eso cuando me encuentro con amigos que me hablan de "la enfermedad", "ese mal", "lo tuyo", "eso", simples eufemismos que evitan la fatal palabra: cáncer. Mucha gente no se anima a ponerle nombre, incluso tengo la sensación de que piensan que pueden ofenderme si le llaman así, cáncer
Es un tabú. Es el innombrable, como en Harry Potter. 
En la base del temor de decir la palabra "cáncer", creo que hay una especie de pensamiento mágico, como si al mencionarlo, de alguna manera se le invocara. Por supuesto que también hay un miedo real a "la enfermedad" y a todas sus implicaciones, incluida indudablemente, la posibilidad de morir. 
He leído que el miedo a pronunciar la palabra cáncer, es el principio de la curación, espero que así sea, porque en mi familia sí lo llamamos por su nombre, aunque eso no implica que le hayamos perdido el miedo. Aún más, no significa que yo le haya perdido el miedo. 
Así vivo, con miedo al cáncer. Así, por su nombre, cáncer.

martes, 19 de diciembre de 2017

Carcinoma es cáncer, ¿qué no?

No soy de las que cada año nuevo hace propósitos que no cumple, pero como les dije en la primera entrada, en enero de 2015 estrené mis primeros 50 y por esa singular ocasión, me hice el propósito de no dejar pasar más tiempo y atender algunos problemas de salud.
Fui a principios de año a ver a mi dentista, por supuesto que ella estuvo encantada porque me hice grandes arreglos, lo que implicó una buena inversión monetaria. 
En cuanto terminé lo de la dentadura, me fui a buscar a un neurocirujano porque siempre he padecido de dolores de espalda y varias personas me lo habían recomendado como el único médico que opera la columna en mi ciudad. El neurocirujano, muy joven por cierto, revisó unas radiografías viejas que tenía por ahí guardadas y me dio una lista de estudios que debía hacerme para poder diagnosticar y valorar la posibilidad de operación, lo que yo quería era sentirme físicamente tan maravillosamente bien como me sentía de ánimo. 
La visita al ginecólogo la había planeado para el regreso de vacaciones de verano. Uno de mis hermanos me había invitado a Las Vegas, junto con el resto de hermanos y algunos agregados, así que me fui y disfruté muchísimo el viaje familiar con todos ellos. 
No es mi intención entrar en detalles ginecológicos sobre los síntomas del cáncer cervicouterino, sólo diré que estando allá tuve un pequeño sangrado que encendió un poco la alerta y en cuanto regresé a mi casa, programé una cita con el ginecólogo.
No pude ver a mi ginecólogo de cabecera porque me programaron la cita muchos días después, pero una amiga me recomendó a otro, al que pude ir a ver rápidamente.
En esa primera cita tomó la muestra para el Papanicolau e inmediatamente la mandó al laboratorio. Al día siguiente recogí los resultados y, después de leer una serie de descripciones en términos totalmente indescifrables tanto para mí como para mi amiga que solidariamente me acompañaba en ese momento. En la parte inferior del reporte, en mayúsculas y negritas, decía "CARCINOMA EPIDERMOIDE INVASOR DEL CÉRVIX UTERINO". Sin embargo yo ignoré ese texto, trataba de descifrar lo que decía arriba, no entendía nada, no quería entender, no podía entender, no estaba preparada para entender. Por fin, me centré en las mayúsculas y negritas. Me cayó el veinte, le pregunté a mi amiga: "Carcinoma es cáncer ¿qué no?", pregunta más tonta no se me pudo ocurrir en el momento. Maldita sea, carcinoma es cáncer, tengo cáncer... ¿tengo cáncer? Volé al internet y lo confirmé: "carcinoma es cáncer".

lunes, 18 de diciembre de 2017

Sobre el título del blog...

No puedo negar mi origen sonorense, por eso le puse este título. Para los internautas de otros confines, aquí la definición de la palabra "Pinchi".
¿Verdad que aplica perfectamente?

La imagen puede contener: cielo y texto

martes, 12 de diciembre de 2017

Sobre la peripecia

A principios de los 80, cuando empezaba a estudiar algunas cosas sobre teatro, me topé con Aristóteles, la poética, la tragedia y la estructura dramática, entre otras cosas. Me sorprendió entender que detrás de las historias que había disfrutado en escena, en lectura o hasta en el cine, había un modelo, esqueleto o estructura (tenía 15 años, perdónenme la vida). Por primera vez conocí términos como "anagnórisis" o "catársis". Ahí también descubrí un nuevo uso de la palabra "peripecia". En efecto, la había escuchado como sinónimo de aventura, accidente, incidente, siempre en plural, por cierto, pero ahora le encontraba otro sentido, el del personaje que repentinamente sufre un cambio de suerte (según Aristóteles), un repentino cambio de situación. Ésa es la peripecia, en singular. Recuerdo incluso que mi maestra lo representaba con una línea curva que de pronto hacía un bucle y luego continuaba, sobre el bucle dibujaba un monito de palitos, pero de cabeza. Así que cada vez que recuerdo la peripecia, se me viene a la mente algo como esto: 

Ésa es la peripecia, así cambió mi vida con el diagnóstico.

Nunca me imaginé que yo sería en algún momento el personaje al que le sucede la peripecia. Con esto no pretendo, ni remotamente, plantear que todo lo que me ha pasado, me pasa y seguramente me seguirá pasando, pueda ser material para una obra dramática o para una película, lo que sí creo, es que tal vez por ahí ande algún internauta que se interese, por las razones que sean, en leer el testimonio de una mujer que a sus recién estrenados cincuenta, fue diagnosticada con cáncer cervicouterino y cuya vida dio un vuelco semejante al de la imagen que coloqué como mi imagen de la peripecia.

De eso hablaré en este blog, de lo que he vivido desde que, en agosto de 2015, los resultados del papanicolau decían la palabra carcinoma, al lado de una serie de palabras desconocidas para mí en ese momento...