No soy de las que cada año nuevo hace propósitos que no cumple, pero como les dije en la primera entrada, en enero de 2015 estrené mis primeros 50 y por esa singular ocasión, me hice el propósito de no dejar pasar más tiempo y atender algunos problemas de salud.
Fui a principios de año a ver a mi dentista, por supuesto que ella estuvo encantada porque me hice grandes arreglos, lo que implicó una buena inversión monetaria.
En cuanto terminé lo de la dentadura, me fui a buscar a un neurocirujano porque siempre he padecido de dolores de espalda y varias personas me lo habían recomendado como el único médico que opera la columna en mi ciudad. El neurocirujano, muy joven por cierto, revisó unas radiografías viejas que tenía por ahí guardadas y me dio una lista de estudios que debía hacerme para poder diagnosticar y valorar la posibilidad de operación, lo que yo quería era sentirme físicamente tan maravillosamente bien como me sentía de ánimo.
La visita al ginecólogo la había planeado para el regreso de vacaciones de verano. Uno de mis hermanos me había invitado a Las Vegas, junto con el resto de hermanos y algunos agregados, así que me fui y disfruté muchísimo el viaje familiar con todos ellos.
No es mi intención entrar en detalles ginecológicos sobre los síntomas del cáncer cervicouterino, sólo diré que estando allá tuve un pequeño sangrado que encendió un poco la alerta y en cuanto regresé a mi casa, programé una cita con el ginecólogo.
No pude ver a mi ginecólogo de cabecera porque me programaron la cita muchos días después, pero una amiga me recomendó a otro, al que pude ir a ver rápidamente.
En esa primera cita tomó la muestra para el Papanicolau e inmediatamente la mandó al laboratorio. Al día siguiente recogí los resultados y, después de leer una serie de descripciones en términos totalmente indescifrables tanto para mí como para mi amiga que solidariamente me acompañaba en ese momento. En la parte inferior del reporte, en mayúsculas y negritas, decía "CARCINOMA EPIDERMOIDE INVASOR DEL CÉRVIX UTERINO". Sin embargo yo ignoré ese texto, trataba de descifrar lo que decía arriba, no entendía nada, no quería entender, no podía entender, no estaba preparada para entender. Por fin, me centré en las mayúsculas y negritas. Me cayó el veinte, le pregunté a mi amiga: "Carcinoma es cáncer ¿qué no?", pregunta más tonta no se me pudo ocurrir en el momento. Maldita sea, carcinoma es cáncer, tengo cáncer... ¿tengo cáncer? Volé al internet y lo confirmé: "carcinoma es cáncer".
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